Mi nombre es Ana, tengo 19 años, y he vivido una infancia repleta de cómics, videojuegos, libros y películas violentas... estoy consternada porque no soy aquello que muchos dicen que debo ser al entretenerme con estas cosas: aún no he matado ni maltratado a nadie y me considero una persona bastante pacífica.
Siempre me ha asombrado la capacidad de algunas asociaciones para intentar censurar, suprimir y crucificar públicamente algunos productos que consideran elementos potencialmente perturbadores de la mente del adolescente. Más que por su afán censurador, por su hipocresía y sobreprotección.
Hipocresía porque en vez de concienciar a los padres para controlar el consumo de sus hijos deciden adoptar la vía más fácil, eliminar el conflicto.
¿Qué hacer? ¿Cómo controlar a sus hijos? Lo primero es enseñándoles desde bien pequeños la distinción entre ficción y realidad; con esa base ya eliminamos gran parte de su potencial psicópata. Si su hijo no logra hacer dicha distinción haga el favor de enviarlo a un buen psicólogo, plantearse la eficiencia de la educación que ha recibido y si la atención que le ha dedicado en sus años de vida ha sido realmente la que necesitaba.
La segunda forma es mirar la contraportada del producto y observar con admiración el plus y los numeritos que salen atrás, bien, eso es la edad recomendada. Es mucho mejor una censura individual que una censura generalizada y obligada, nos ahorramos así debates y discusiones innecesarias, a parte demostramos que estábamos preocupándonos de la psique de nuestros hijos antes de que suceda algún problema y nos veamos obligados a culpar a videojuegos, cómics y películas para ocultar nuestra negligencia. Porque aunque sea fácil culparles, el problema no están en los entretenimientos, sino en la incapacidad de separarlos de la realidad y, esta capacidad, ¡SE APRENDE!
Una de las causas por las cuales los jóvenes y adolescentes podemos llegar a confundir estos dos mundos es por la necesidad de evadirnos de la realidad, el deseo de estar en ese mundo fantástico en el que somos héroes . Y... ¿Por qué podríamos querer vivir en ese mundo con tanta fuerza que acabásemos substituyendo el propio? No hace falta pensar mucho para llegar a la conclusión de que en este, el real, hay bastantes problemillas; algo que nos supera y por lo cual solo podemos huir al no tener un método, ayuda o algo para intentar solucionarlo.
Sí, es más fácil destruir la evasión que ayudar a los jóvenes a solucionar sus problemas, al igual que es más fácil esconder las cuchillas que conocer aquello que nos induce al suicidio.
Así pues el problema no está en el tipo de entretenimiento, sino en el contexto que lo rodea, en la ineficacia de la educación recibida y en la debilidad emocional causada por la inexistencia de un pilar en el que apoyarse. Sí, es más fácil culpar a otros antes que admitir que nunca se fue un pilar, que buscar una forma con la que poder ayudarle o con la que conseguir su confianza.
A parte, no entiendo cómo están tan seguros de que sus conductas violentas son influencia de esto si hay tantos jóvenes que son violentos sin nunca haber leído un cómic ni dedicado más de dos horas a un videojuego.
No entiendo por qué se esfuerzan tanto en censurar una cosa que puede ser fácilmente controlada por los padres y no eliminan de la televisión programas como Gran hermano (ya que el año pasado hubo una escena de sexo en el Jacucci) o la mayoría de programas tele basura que hacen en horario infantil.